UNA VEZ MÁS, POÉTICA

Repetirse podrá ser síntoma de pobreza de ingenio. Mas hoy deseo creer que es representación de cierto grado de coherencia. Allá vamos. He dicho setenta veces siete que vivo para la poesía, no de ella: "No escribiré ya más un verso/ en que no haya embarcado todo el alma", dijo Gerardo Diego. Sé que no soy sólo un sensible y agradecido lector pero estoy con Alberto Girri cuando escribe que "el que no está dispuesto a admitir que toma el riesgo de dejar alguna vez de escribir para siempre que no continúe haciéndolo". Malo es que la poesía sea una clase de dinero (Wallace Stevens).

Aunque no hay más poética que el poema mismo, declaro que procuro huir de la hinchazón expresiva no menos que del prosaísmo de experiencias intrascendentes. Me mortifican las buenas intenciones literarias que no van acompañadas de eficacia verbal: la poesía es una obra de lenguaje dominada por la actividad simbólica, no fruto inmediato del sufrimiento o del sentimiento. “La poesía no se siente, se dice” (Octavio Paz). Por ello me haría muy feliz que la experimentación formal y la investigación idiomática fuesen rasgos de mi escritura.

La poesía es un género de ficción, the supreme fiction, en verso de Wallace Stevens, y de ahí que recurra a los correlatos objetivos, al monólogo dramático y a la intertextualidad, porque me permiten expresar emociones internas alejadas del show neorromántico quejumbroso y melancólico.

Por último, un consejo de Horacio: “corrige a menudo”, y una advertencia de Antonio Machado: “quien borrar no sabe camina en cuatro pies”.                                                                                         

(Publicado en Poesía canaria actual (A partir de 1980) Antología, Miguel Martinón, Islas Canarias: Ediciones Idea, 2010).

 

POÉTICA  O CÓMO NO SE ESCRIBE UN POEMA

Respetables colegas, y público en general, no hay más poética que el poema: obras son amores. ¡La expresión, dios, la expresión! Por otra parte, la escritura ha empezado a perder para mí algunos de sus misterios: la poesía se escribe cuando se puede y sólo confío en practicarla con rigor -guárdate, Fabio, de poeta que no borra-, y honestidad. La literatura es algo que no siento de manera especial en mi vida. Es mi forma de ser y es mi forma de estar aquí y ahora. No es una parcela privilegiada, sino un continuum absolutamente natural. Como Vallejo tengo la convicción de que hay que ser poeta hasta el punto de dejar de serlo. En ocasiones, quiero escribir, pero me sale espuma. Entonces cierro el cuaderno. Desprecio la poesía a la que se le nota el truco y el poema -como escribió Lihn- lleno de cartas marcadas. ¡Ay, la prueba de la sustitución! Detesto la poesía escrita con la mano ensimismada de Onán, la poesía contemplativa del autista, la poesía clónica, el fotocopiado ad nauseam, el pensamiento débil y la vacuidad. Hágase la Paz: “Cantan los pájaros, cantan/ sin saber lo que cantan:/ todo su entendimiento es su garganta”. Parafraseando a Salinas, la galería de escribidores es copiosa, y creo que es saludable que así sea. Los prestigios del momento no me interesan porque todo fluye. Y sólo puedo desear que sigan dando recitales, ganando premios y -como pide Monterroso- sean editadas sus obras por el Estado a todo lujo, empastadas en piel y con ilustraciones. Ah, y que yo las lea.

(Publicado en Donde menos se piensa salta el gatoliebre, Tegueste: Ediciones de Baile del Sol, 2005).

 

POÉTICA PARA VIOLANTE

Una poética me manda hacer Violante, que en mi vida me he visto en tanto aprieto. Me advierten de que el autor es el que menos conoce su obra. De que toda definición es un conjuro negativo. Definir es cenizar, Lezama dixit.

Creo que el poeta es en el poema donde está y es todo el poema, por lo que finalmente no hay más poética que el poema mismo o su conjunto en el libro. Sin embargo, es claro que el libro nunca es todo el escritor. Participo pues de la convicción de Vallejo de que hay que ser poeta hasta el punto de dejar de serlo. Sin más problemas ni psiquiatras.

Es desde luego lo poético algo más que un rapto y no sé qué es eso de que es preciso estar tocado, touché, para escribir poesía. Aunque ignoro qué puedo tener yo para ser uno de los elegidos por esa progenie femenina de Zeus, las musas lamentablemente siempre me visitan cuando estoy trabajando. En  ese mar co se da el diálogo con la tradición. Explicado está por Borges que cada poeta crea sus precursores. Quien está dispuesto a trabajar –escribió Kierkegaard-  engendra a su propio padre. Por más que una vez liberado de la indefensión de la orfandad uno deba cumplir con su destino parricida.

Sentenciaba Mallarmé que la poesía no consiste en pensamientos sino en palabras. Lo que piensas y lo que sientes –dice Drummond de Andrade- esto no es aún poesía. Ciertamente, la poesía jamás se ha hecho con buenas intenciones porque finalmente lo único válido es la eficacia expresiva. Estoy con Pessoa en que quien debe sentir es el que lee. De ahí el particular interés que concedo a la experimentación formal y a la investigación idiomática.

La poesía, como dice Roland Barthes, es el lenguaje de las transgresiones del lenguaje. Pero para mí que también es el lenguaje de transgresiones más profundas que las del lenguaje. Será por ello que no consigo escribir desde el ensimismamiento y la autocontemplación, desde un código personal intransferible donde los poemas rehúsen su decodificación.

Todo poema, Violante, algo pretende: “la caída de roma o del amor”, como he escrito, “a nuestros pies o/ mejor en nuestras manos”.

(Leído durante la presentación de Sea de quien la mar no teme airada,  Las Palmas de Gran Canaria: El Museo Canario, 1995).

 

 

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