Sabas Martín, “Lírica subversiva, La Gaceta de Canarias (Santa Cruz de Tenerife), 10 de mayo de 2005. Volver Atrás

Concebir la poesía como un discurso subversivo, con una clara voluntad iconoclasta, con procedimientos paródicos y violentaciones del lenguaje, con un humor que oscila de lo tiemo a lo erótico y a lo sarcástico, en continuo e irónico diálogo con la tradición lírica sobre todo latinoamericana, es la propuesta que identifica fundamentalmente la obra poética de Federico J. Silva. La aparición en un muy corto espacio de tiempo de dos nuevos poemarios suyos, de un volumen recopilatorio y el anuncio de uno próximo, actualmente en prensa, propician la aproximación a una obra que se mantiene fiel a sus postulados y en la que encama la palabra como un doble sistema critico: crítica de la realidad y crítica del propio decir poético. Como digo, en 2005 han llegado a las librerías Este hombre que está junto a ti al borde extático del precipicio (Viceconsejeria de Cultura y Deportes), Premio Hispanoamericano de Poesía Dulce Maria Loynaz, Donde menos se piensa salta el gatoliebre (Baile del Sol) y El crimen perfecto (Anroart), volumen que recoge los cinco primero títulos del poeta grancanario. En breve verá la luz Era Pompeia, que también aparece con el refrendo de un premio, el Tomás Morales. La casualidad, en un golpe de los dados del azar, ha hecho que esos libros coincidan en el tiempo de su publicación, pudiendo dar la imagen de una fecundidad desmedida y simultánea. He tenido la oportunidad de conocer algunos de los poemarios de Federico J. Silva cuando aún estaban inéditos y sé que el tiempo de la escritura no se corresponde exactamente con el tiempo de su encarnadura en forma de libro. Sé que han transcurrido plazos, revisiones, demoras y esperas. En cualquier caso, y en contra de quienes preconizan la exigüidad y la contención, la acumulación editorial es lo de menos. Lo que importa es la singularidad de la palabra poética que, además de transgresora, en Federico J. Silva es desbordada y desbordante.

Una palabra poética que se fundamenta en un lenguaje original, utilizado con libertad, atrevimiento y radicalidad. En ese sentido, no es difícil ver en el poeta una actitud ante el hecho del lenguaje muy similar a la inocencia primigenia que caracteriza el desparpajo, la intrepidez, la osadía desprovista de cargas limitadoras procedentes de la tradición y la ortodoxia, que caracteriza a buena parte de la poesía que se ha hecho y se hace a la otra orilla del idioma. Parra, Gelman, Cobo Borda, Belli, Hahn. Cardenal, Vitier, entre otros muchos nombres posibles y, por supuesto en el origen, Huidobro y Vallejo, son presencias muy bien diluidas en la poesía de Federico J. Silva. En el lado español del idioma podríamos citar a Ory al frente, a ciertos modos de Ángel González o Francisco Pino, o a Juaristi que, en ningún caso, llega a los extremos de tensión y atrevimiento a que llega nuestro poeta. En el ámbito canario, pienso en algunas propuestas desarrolladas fundamentalmente en tomo a los años 70 en Tenerife en obras de Juan Pedro Castañeda, Bernd Dietz, Félix Francisco Casanova y yo mismo. Pero todos estos reflejos que podrían rastrearse en la poesía de Federico J. Silva no implican epigonismos ni imitaciones. Al contrario, se trata de un material trascendido hasta convertirlo en expresión propia y original de una poesía que se desarticula y se construye, se distorsiona y se edifica a sí misma en tanto que se escribe.

Federico J. Silva pertenece a la estirpe de escritores impuros que quería para sí Neruda. Un escritor que entra a saco en el lenguaje, en el léxico, en la sintaxis, para desrealizar la realidad e incorporar a ella su propia y contaminada experiencia de lo vivido. Pero lo hace felizmente alejado y disonante de los romos autobiografismos narcisistas que tanto proliferan en la última poesía española. La obra de Federico J. Silva es uno de los múltiples rostros de que se puede revestir la poesía. Hay otros. Pero, en este caso, aproximarse a su palabra es adentrarse en un territorio lleno de peligros y amenazas que acechan con una feroz e implacable sonrisa.

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