Agustín Delgado, “Una bocanada de aire fresco”, La Página (Santa Cruz de Tenerife), nº 60 (2005), pp. 55-57. Volver Atrás

En las oleadas de poemarios que anegan incesantemente al lector, hasta ahogarlo en las aguas de la inanidad, rara vez salta la sorpresa. En este caso saltó. Este libro de Federico J. Silva, Este hombre que está junto a ti al borde extático del precipicio, (título sacado del escritor cubano Elíseo Diego), resulta estimulante en extremo, y alejado de esos modelos tan light, tan estereotipados, tan retóricamente aseados, que hoy imperan, tan afiliados a unas u otras capillas. Resulta sorprendente que el poemario haya obtenido un premio, el «III Premio Hispanoamericano de Poesía Dulce María Loynaz-2004». Es seguro que el jurado ha estado integrado por verdaderos aficionados a la poesía, y no por esos profesionales que tanto abundan, viciados en las arteras maniobras de los concursos. Esos nunca hubieran concedido galardón al libro de Federico J. Silva, a este ejercicio de inteligencia poética creadora, llevado a cabo mediante construcción ática y modulación verbal rica e intensa.

El poemario, a primera lectura, se diría que está enmarcado en la órbita de cierta poesía hispanoamericana, la de tradición conceptual y de severidad en el tratamiento de la emoción. El jurado de hecho, antes de abrir la plica, pensó que se trataba de un poeta del transocéano. Se verifica, en efecto, la condición de degustador y frecuentador asiduo de la mejor poesía de esos países por Federico J. Silva. Vienen a la mente los antipoemas de Nicanor Parra, ciertos textos de José Emilio Pacheco, de Gonzalo Rojas... y de otros más, que el creador lleva en citas tan pertinentes al frontispicio de muchos de sus poemas, motivándolos, e incluso convirtiéndolos con frecuencia en síntesis, donde aparecen fusionadas distintas culturas hispanas. Y aquellos maestros cuya proximidad abiertamente confiesa: «Como Vallejo tengo la convicción de que hay que ser poeta hasta el punto de dejar de serlo. En ocasiones, quiero escribir, pero me sale espuma. Entonces cierro el cuaderno. Desprecio la poesía a la que se nota el truco y el poema -como escribió Lihn- lleno de cartas marcadas, ¡ay, la prueba de la situación! Detesto la poesía escrita con la mano ensimismada de Onán, la poesía contemplativa del autista, la poesía clónica, el fotocopiado ad nauseam, el pensamiento débil y la vacuidad».

Ha querido Federico J. Silva crear con Este hombre que está junto a ti al borde extático del precipicio un gran tango de desamor con todas las connotaciones y fases que tiene este estilo musical. Y con la propia materia del tango. (Así expresamente está en los poemas «Qué febril la mirada», y en «Errante en las sombras». Poemas construidos con una fuerte dosis de materia léxica extraída del lunfardo y de los demás dialectos rioplatenses, que nutren las letras de los tangos.)

El poemario se estructura en cuatro partes, tituladas con cada uno de los cuatro segmentos de un verso de Gonzalo Rojas, que se cita en el pórtico: «No estás. No estoy. No estamos. Somos y nada más». Se abre con un «Proemio e carta» a Boscán hablando de Doña Ana Girón de Rebolledo. Y al final lo cierra un happy end muy sui géneris, un irónico «Mensaje al mar» anunciando, Ulises afortunado, a Penélope que no le espere, que ha encontrado en nuevo amor contentamiento, y no padece soledad de ella.

Reflejan los apartados del libro la evolución de la situación de desamor. Los distintos momentos en que el sujeto poético recorre los caminos del desamor, desde la resistencia agresiva hasta la superación del abandono.

Se inicia ese periplo con la amenaza palpitante del salto al vacío, una cierta agonía de romanticismo posmodernizado da su carácter definitorio. El amor, tormento y gloria. No es el tono patético del suicida, sino el reproche, el deseo vago de lastimar. Como dirá Federico J. Silva: «Esas cosas salvajes que suelen tener los hombres cuando las mujeres ejercen su libertad a mantener o no su relación con ellos».

Pero hay que advertir que no estamos aquí ante un muestrario de poesía confesional y autobiográfica, sino más bien ante un tratamiento de la materia poética incardinándola en un género de «ficción». El creador, mediante el empleo de tópicos poéticos tradicionales, y transformándolos a su conveniencia, intenta otorgar verosimilitud y eficacia lírica a esa poesía «ficticia».

El poeta, en esa especial tarea, se ayuda constantemente de una nada despreciable glotonería cultural, afiladamente digerida. Exhibe envidiable variedad y frescura en la configuración de cada texto, rasgo quizás generacional, (de su generación de edad, que no de su «generación poética»).

Goza del uso y abuso de retahílas o enumeraciones: así los 84 nombres propios que constituyen los dos sonetos: «De los hombres de tus hombres», tan disciplinadamente rimados. Las retahílas de citas: hasta nueve de ellas de grandes autores pesan sobre el breve y solitario poema «Tu amor propio», que parece querer volver del revés y revol-verse ante el plácido placer de Onán. Y hasta sesenta y seis formas verbales, de reiterada matriz formal de reciprocidad, edifican una sobre otra un texto que precisamente se titula: «(Se ciegan se especulan se desganan)».

El creador se halla pletórico de recursos con los que nutrir de virtualidad poética el armazón ficcional de su proyecto. Alusiones mitológicas; alusiones a hechos de Grande Historia, todas integrándolas en el presente; consignas y frases populares, dándoles la vuelta a conveniencia de la extracción del fruto lírico (por ejemplo: «mujer o muerte / venceremos»); la profusión de expresiones latinas que iluminan y dotan a los textos de fondo de mirada; la intromisión súbita de la realidad histórica en el poema íntimo, echando mano de un solo verso, tal que sucede en este fanático «Aviso urgente»: «esto es una amenaza / cuarenta años te amaré / así será tu posguerra».

Libro así irónico Este hombre que está junto a ti al borde extático del precipicio, que juega cultamente con la literatura a la hora de tratar sobre el amor. Tal dimensión culturalista se gestiona mediante arte de ingenio de exquisita modernidad, en las antípodas de cualquier exhuberancia verbosa o metafórica o de cualquier elitismo de trascendencias, de silencios o de místicas.

Libro muy fácil de leer, ágil, dúctil, doloroso pero no desesperado. Recomendable para adolescentes que deseen acercarse a la poesía sin morirse de tedio.

Evidentemente el poemario Este hombre que está junto a ti al borde extático del precipicio no es un producto que nace así como así por arte de alquimia del laboratorio del «miglior fabbro». Este hombre que está junto a ti al borde extático del precipicio lleva implícito, sobre todo, que su creador está inmerso en la conmoción del tiempo que le toca vivir. Y para quien la interculturalidad, el mestizaje, es un tsunami, una tendencia imparable y natural. Para quien las actitudes puristas están condenadas al fracaso. Para quien las lenguas estándar sólo están en los libros, y están fosilizadas.

Con Este hombre que está junto a ti al borde extático del precipicio, su autor, Federico J. Silva, se convierte en un defensor de las variedades dialectales y dialécticas de Hispanoamérica. Alguien para quien todos somos hablantes dialectales y dialécticos, de muchas hablas y de muchas sangres.

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