Antonio Jiménez Paz: "Los poetas sin voz propia siempre están oliendo culo" (entrevista a Federico J. Silva), La Opinión de Tenerife, 14 de septiembre de 2009 Volver Atrás

"Sí / decididamente yo soy / un hombre que ha roto / más de un plato" son versos del poeta Federico J. Silva (Las Palmas de Gran Canaria, 1963). Desconozco cuántos platos habrán sido pero sí que hasta ahora ha publicado nueve libros, delineando un territorio propio difícil de imitar.

ANTONIO JIMENEZ PAZ | SANTA CRUZ DE TENERIFE
Su provocadora poética -rompedora, desafiante, antiacadémica, iconoclasta, inconformista y lúdica, como bien la resume Alicia Llarena- no deja a nadie indiferente: todos encontrarán en alguno de sus poemas algo que les pertenezca, o bien pueda ser algo que les intranquilice. Sentados al cobijo de una terraza conseguí arrancarle poco a poco recuerdos y opiniones. Cuando opinaba no sabía bien si hablaba en serio o no, hasta que caí en la cuenta de que Federico J. Silva es un auténtico hijo de la irreverencia. Sólo a un poeta como él podía ocurrírsele, por ejemplo, reunir bajo un título como "El crimen perfecto" (2005) sus primeros cinco libros de poemas.
- Generalmente los poetas se ven desde muy temprano leyendo todo lo que cae en sus manos... ¿También se ve usted así?
- Recuerdo una infancia de ocho años de edad, de noche, leyendo con escasa luz -hasta que me dolían los ojos- los Mortadelo y Filemón, el botones Sacarino, Pepe Gotera y Otilio, pero también el Capitán Trueno, Jabato y Spiderman, que mi abuelo materno rescataba de la recepción del hotel donde trabajaba en horario nocturno. También una biografía de Gengis Khan mil veces releída y las Mocedades del Cid, en edición adaptada, regalo de un maestro, compañero de profesión de mi padre...
- ¿Y poesía no? ¿Cuándo aparece la poesía en su vida?
- La poesía apareció mucho más tarde en mi vida. Fue en torno a 1977, con 14 años, a raíz del juego surrealista del cadáver exquisito propuesto por el profesor de Literatura, cuando esta materia tenía entidad propia e independiente y no estaba en el desván de la Lengua Castellana y Literatura que hoy se imparte en Secundaria... En plena adolescencia empezaron a surgir los primeros poemas de amor y desamor y luego los que manifestaban una ingenua toma de conciencia política, lo cual era natural, pues mi generación vivió no sólo los estertores de la transición del franquismo a la democracia burguesa sino el auge del nacionalismo ahora llamado soberanista... No sé muy bien dónde pueden estar todos aquellos poemas, pero aún me acuerdo del nombre de la chica a quien durante el Bachiller dedicaba aquellos versos... Son años en los que devoro todo lo que cae en mis manos, especialmente a los poetas que unían pasión amorosa y compromiso político: Antonio Machado, Miguel Hernández, Mario Benedetti...
- ¿Qué otros autores contribuyeron decisivamente en su formación como escritor?
- Whitman, Brecht, Catulo, Propercio, Tibulo, Marcial, Juvenal, Quevedo, Alonso Quesada, Pessoa, Vallejo, Borges, Huidobro, Lihn, Hahn, Goytisolo, Mutis, Sabines, Pacheco, Gelman, Cobo Borda... junto a muchos de teoría literaria. Ahora bien, sería traicionarme si no recordara además lecturas de otro tipo como La guerra civil en Francia de K. Marx o El estado y la revolución de Lenin que también han conformado mi ser.
- ¿Hay libros, cuya lectura en un momento dado, pueden a uno "salvarle la vida"?
- Hablar de libros que me hayan "salvado la vida" me parece muy dramático, pero tu pregunta me recuerda aquello que decía Yevgueni Yevtushenko sobre que "la poesía no promete la salvación, pero no engaña, y si nos tortura, lo hace con los sufrimientos más hermosos".
- ¿Cuál es el momento en que Federico J. Silva descubre que la poesía es otra cosa y se dedica a ella con plena consciencia?
- La reflexión sobre el fenómeno literario y la poesía en particular no se produce hasta que inicio los estudios de Filología. Es en ese contexto en el que asumo que la poesía es una obra de lenguaje por encima de cualquier otra consideración y que lo que cuenta finalmente es la eficacia expresiva. De ahí hasta ahora ha llovido mucho: nueve libros, menos pelo...
- Nueve libros y menos pelo, sí... ¿eso podría ser una manera de expresar que la poesía se ha convertido en algo crucial en su vida?
- La poesía es la piedra angular de mi vida, sí; pero siempre digo que quiero vivir para ella y no de ella... Por eso tengo muy claro que si mañana no tengo nada nuevo que decir, si no hay ningún poema que necesite ser escrito por mí, y dejo de escribir para siempre, tampoco me traumatizaría. Lo que no quiero es escribir sin rigor y honestidad con el único objeto de acumular títulos y páginas de periódico.
- Si tenemos en cuenta que desde 2005 no ha publicado nada nuevo, ¿deberíamos entenderlo como un presagio de lo que acaba de insinuar o sólo se trata de un pasajero silencio editorial?
- Es cierto que hay "un silencio editorial", pero no un abandono de la escritura. Esta situación, que no es extraordinaria para un escritor, también se produjo entre el 2000 y el 2005, y hubo gente que pensaba que había desertado de la poesía, pero en 2005 se publicaron tres libros inéditos y la recopilación de los cinco primeros. Ya sabes que esto de la literatura no es soplar y hacer botellas. Lleva su tiempo, su reflexión, su autocrítica... Ahora mismo tengo dos libros en el horno, y un tercero en proyecto, pero no tengo prisas en entregarlo a la imprenta. Escribir es necesario, publicar no.
- ¿Cree que en Canarias sobran muchos libros y, por tanto, muchos poetas?
- En Canarias faltan muchos árboles, ergo... Los árboles son necesarios incluso para hacer con un almendro lo que Unamuno aconsejara a Nicolás Estévanez. Pero en Canarias no sobran poetas, aquí cabe todo el mundo, cuantos más mejor, que seguro que a alguien se le ocurrirá reclamar que en los Presupuestos Generales del Estado se contemple el incremento imparable del número de poetas, con el gasto que ello supone para la Comunidad Autónoma y el peso sobre el territorio...
- ¿Está de cachondeo?
- Estoy respondiéndote, y sigo... De lo que se trata es de dar con soluciones imaginativas como aprovechar nuestra posición tricontinental, nuestra vocación universal en suma, para impulsar, a través de las Cámaras de Comercio -con la presencia del representante de las Cámaras de EEUU-, y de la RIC, la exportación selectiva de poetas, una especie de impuesto de sangre por el que se enviarían cinco poetas por cada cien toneladas de mercancías importadas. Ello permitiría crear unas cuantas editoriales privadas que publicarían con dinero público, un festival internacional de poesía, una asociación de escritores que gestione los viajes de los vates canarios al exterior y una Casa de Madrid en Canarias, lo que es fundamental. Por último, creo que los poetas deben recibir una pensión no contributiva para que puedan retozar felizmente por donde les plazca. Así podrían estar disponibles para dar los talleres y recitales en institutos que, por motivos de trabajo, no pueden ofrecer "los poetas funcionarios".
- Como veo que le gusta la fiesta, le ofrezco otra cuestión en bandeja: ¿quién necesitaría más promoción en Canarias, la poesía o los poetas?
- ¡No le toques ya más, que así es la rosa! Dejemos las cosas quietas o si queremos que haya una promoción eficaz defendamos que el dinero público se dirija a la puesta en marcha de un plan exigente de lectura impulsado por los profesionales de la enseñanza, no por los escritores, desde Primaria y Secundaria. Cualquier otra promoción abstracta a la poesía o a los poetas se convertirá en pesebrismo, en clientelismo, en viajes y gastos no justificados y sobre todo en propaganda. Hace ya más de veinte años que le preguntaron al poeta García Baena cómo solucionar la crisis de la poesía española. Éste se limitó a apuntar lo siguiente: "apuesto por la venida de un nuevo movimiento salvador que se dedique a asesinar poetas". Espero que no sea necesario, pero es primordial que los poetas se dediquen a trabajar y a escribir y no a esperar la sopa boba.
- Y otra más: ¿quién necesita más promoción en Canarias, las editoriales canarias o los libros canarios?
- ¿Quién necesitaría más promoción en Canarias: Hiperdino o sus productos?
- Jejejeje... Se lo estoy preguntando en serio...
- La verdad es que nunca he entendido por qué hay que subvencionar con dinero público a una empresa privada y creo que las editoriales lo son. Primero se les da un dinero para que publiquen unos libros, sin la supervisión del total de la edición y sin la garantía de su distribución, luego se les compra una parte de lo editado y al final los libros no están en las librerías. ¡Un chollo! Es decir, la actividad privada queda reducida a su mínima expresión: ¿dónde está el mítico riesgo empresarial de apostar por un libro, editarlo, distribuirlo y promocionarlo adecuadamente? ¿Dónde están esos volúmenes en las librerías de "Canarias, tierra única"? ¿Cómo es posible que la mayoría de los autores publicados no vean un euro de esas ediciones subvencionadas? Evidentemente aquí se mezcla el vicio de pedir de unos y la escasa virtud de dar alocadamente de otros. La institución pública, en lugar de marcarse el objetivo de "tapar los huecos" que la editorial privada no cubre porque no es rentable económicamente, pone todos los huevos en la misma cesta de los empresarios de la edición. La memoria final mostrará que la Consejería de turno ha publicado indirectamente cientos de libros, pero inencontrables en las librerías. Promociona, que algo queda, o no.
- La discusión "poesía pura/poesía impura", ¿continúa siendo un debate vigente?
- Claro que continúa vigente, vigentísimo, como el debate sobre el papel del rey en el 23-F, pero como dijo uno: traten otros del gobierno, del mundo y sus monarquías, mientras gobiernan mis días mantequillas y pan tierno... y ríase la gente. Ahora en serio, desde que empecé en esto siempre he tenido por lema un versito de Cintio Vitier: "La poesía no está por encima de nada". Yo, que nunca he sido nerudiano, me atrevo a recordar aquella vieja sentencia de que "quien huye del mal gusto cae en el hielo", pero como sé que mi respuesta va a ser escrutada por los que mantienen vivo este debate me pondré estupendo recordando a Gaston Bachelard. Les recuerdo su libro La llama de una vela donde afirma: "Una materia de lo más vulgar produce la luz. (...) Son las impurezas mismas quienes, destruyéndose, originan la luz pura." ¿Hay quién dé más?
- Es decir, que no es una discusión a la que usted le vea algún interés...
- Sobre las discusiones pendientes te digo desde ya que hay algunos temas, como el anterior, que no merecen la discusión. Afortunadamente, aunque haya gente que no lo entiende, desde hace medio siglo, por lo menos, lo que caracteriza la producción poética contemporánea es la falta de uniformidad. Que se abran cien flores y compitan cien escuelas, dicen los chinos. Eso sí, sería recomendable que las poéticas tuviesen su correlato en las obras, pero que conste que no sólo hablo de los poetas canarios.
- ¿Eso significa que pese a que su obra poética apuesta por una determinada estética, es partidario de que proliferen las más contrapuestas posibles?
- No es que yo me dedique a que proliferen estéticas diferenciadas o contrapuestas, pero que existan es saludable para la literatura y para los lectores. Estaré más cerca de unas que de otras, pero valoro la coherencia, cuando la hay, de una poética. Y puedo respetarla aun sin compartirla plenamente. Al final, como sabes, lo único importante es la voz propia. Hay poetas con voz propia, aunque ésta sea un hilillo imperceptible, poetas con afonía, poetas tenores, poetas con ronquera o poetas con faringitis crónica, como es mi caso. Pero voz propia, en definitiva.
- ¿Cómo detectar un poeta con voz propia de otro que no la tenga?
- A distinguir me paro las voces de los ecos, decía Don Antonio. Tener voz propia es poseer denominación de origen. Lo contrario del plagio, y del epigonismo prescindible. Juan Ramón, que era un poeta con voz propia, solía leer distinguiendo los ecos de las voces y en ocasiones no tenía más remedio que sentenciar: ¡Eco mío!... Perdona la expresión, pero los poetas que no tienen voz propia siempre están oliendo culo.
- Una de las cosas que llama la atención como nota común en todos sus libros es el lenguaje utilizado: ¿de dónde proviene ese interés?
- Discúlpame por repetirme, pero insisto en que concibo la poesía como una obra de lenguaje por encima de cualquier otra consideración, aun de carácter personal, y que lo que para mí cuenta finalmente es la eficacia expresiva o al menos su búsqueda. Creo que esa es la clave para entender mi idiolecto poético: el interés por la investigación idiomática y la experimentación formal. ¿Sabes lo que pasa? Pues que el lenguaje poético se gasta expresivamente, y así ha pasado a lo largo de la historia literaria con el petrarquismo, el Barroco, el romanticismo, el modernismo... Recuerdo aquello que decía Roland Barthes, que los escritores místicos se enfrentaban al lenguaje para llegar más allá del lenguaje, y que ese lenguaje contra el que luchaban era su enemigo.
- De todo lo emprendido últimamente, ¿de qué se siente más satisfecho?
- Una de las cosas de las que estoy más satisfecho ha sido la decisión de crear mi página web (www.federicojsilva.com). Es, además de un corte de mangas a la SGAE y a sus progres paniaguados, una forma de garantizar que todos mis libros publicados entre 1993 y 2005 puedan llegar a sus destinatarios, de aquí y de cualquier lugar del mundo, de forma inmediata y gratuita, por encima del fantasmal sistema de distribución existente en estos pagos...
- Eso huele a disconformidad...
- Hasta que los responsables culturales de este Archipiélago no comprendan que la difusión de la cultura no es un problema de demanda sino de oferta, ya que es la oferta la que crea la demanda, tendremos que buscarnos un sistema que aún puede parecer alternativo pero que está destinado a convertirse en hegemónico.
- Como filólogo y profesor de instituto que es, ¿sabría explicar -como si de una clase a tus alumnos se tratara- en qué consiste el canon de la poesía insular?
- Como respondió Tina Suárez Rojas a una pregunta semejante, yo también te digo "¿qué diablos es eso del canon?". La verdad es que esto es algo viejo y caduco. Me interesa más el precio de los tomates y a mis alumnos el último grito en telefonía móvil. La verdad es que el canon no me desvela, ni como filólogo, ni como profesor y mucho menos como poeta, porque frente a la pretensión de que exista un canon universal por encima del tiempo tenemos lo que podríamos denominar la llamada evolución de los prestigios. ¿O es que tú te crees que la poesía es la inmutable lista de los cuarenta principales? Por un lado te digo que es el tiempo el que fija en cada momento el canon de cualquier literatura, y el gusto de hoy no es el de mañana. ¡Cuántos autores que coparon un día todas las academias, todas las cátedras, todos los galardones, todos los frontis, todos los mausoleos... no son hoy nada! ¿Qué fue, por ejemplo, de José de Echegaray? A mí me interesan mucho, por ejemplo, las obras de Alonso Quesada, Pedro García Cabrera y Luis Feria. Son autores que frecuento mucho, y que utilizo en mis clases, pero al margen del supuesto canon de la poesía insular.
- ¿Por qué al margen? ¿No le complace la consolidación de un canon insular?
- Éste, como se dice ahora, me la bufa.

Todos los derechos reservados FedericoJSilva.com