Erika Marrero: "La poesía española está bastante despistada, desnortada" (entrevista a Federico J. Silva), ABC, Las Palmas de Gran Canaria, 3 de noviembre de 2007 Volver Atrás

La poesía de Federico J. Silva se caracteriza por la experimentación formal y el esmero para escoger los vocablos adecuados; en suma, la investigación idiomática y la audacia léxica. Disecciona la palabra a manera de un cirujano con su bisturí.

-En sus poemas es evidente la vena poética hispanoamericana. ¿Considera que quizá allá se hace una poesía de mayor calidad que la que se hace en Canarias?

-Ya hay una cercanía con la literatura hispanoamericana: utilizan el mismo registro lingüístico que nosotros. La semejanza entre el español americano y el atlántico es grande. Pero mi derivación hacia la literatura hispanoamericana ha sido algo natural. Yo leo tanto poesía española como inglesa y francesa, pero la poesía que más disfruto es la hispanoamericana. No por una cuestión exótica sino porque creo que es la mejor literatura que se está escribiendo en español. Ocurre lo mismo en la narrativa, es ya un tópico referirse a la figura de Gabriel García Márquez. La poesía española después de la generación del 27 no es auténtica, aunque hay excepciones muy honrosas, como Gil de Biedma, Ángel González, José Agustín Goytisolo, José Hierro, Félix Grande, Jaime Siles, Ory, Guillermo Carnero o Jenaro Talens. Este tipo de poesía se practica de forma exhaustiva y amplia en Hispanoamérica. La poesía que se hace en Chile, Argentina y México es viva, palpitante, con gran preocupación por el idioma.

-¿La poesía española tiene que renovarse?

-La poesía española está bastante despistada, desnortada. Los que practican la hinchazón expresiva, los que pretenden ser seguidores de Valente han llegado al onanismo literario, al mensaje cero. Es una poesía que se basta a sí misma y que no conmueve. Aunque siempre es preferible Valente que sus seguidores. Y en segundo lugar, la poesía denominada de la experiencia es una poesía que no le llega a la semejante que se puede hacer en Hispanoamérica, es una triste poesía de experiencias intrascendentes e irrelevantes. Seguramente, parte de una valoración excesiva de la poesía que se hizo en el siglo XVIII y del prosaísmo llevado al extremo.

-¿Piensa que en la actualidad no se hace buena poesía? ¿Qué ocurre con la poesía contemporánea?

-Los gustos literarios no son inmutables. Cada época va forjando el gusto literario. Yo lo que sí creo es que una de las constantes de este tiempo es que no hay escuelas sino poéticas individuales y todos los intentos de crear generaciones son intentos radicales que responden a iniciativas comerciales. Me refiero a toda la literatura española contemporánea. Desgraciadamente, la mayoría de los críticos actuales se dedican a ser reseñistas, a hacer brindis por la salida de un nuevo libro. Los teóricos y los profesores universitarios no se atreven con las últimas creaciones porque es muy arriesgado, en particular con las obras de los autores más jóvenes que están en desarrollo. Pero en este mundo interconectado de la globalización las influencias son múltiples, los componentes, las informaciones y materias que entran en relación son tantas que hoy es bastante complicado señalar líneas ante todo este totum revolutum. Al final, no hay más poética que los propios poemas.

-En este sentido, la crítica literaria le ubica en el grupo de la poesía de la experiencia, ¿piensa que es correcto?

-Efectivamente, algunos críticos dicen que en mi caso, como el de Tina Suárez Rojas, hago una suerte de ´poesía de la experiencia´, pero, claro, la experiencia es tan amplia que habría que concretar más. Las cabezas visibles de esta ´poesía de la experiencia´ son Luis García Montero, Felipe Benítez Reyes y algunos más. Pero cualquiera que leyera mi poesía y la de Luis García Montero vería que estamos muy distantes. En esto de la poesía no valen buenas intenciones, sólo vale el resultado expresivo. El poema existe por sí mismo: funciona literariamente o no funciona.

-¿A quiénes pondría en el altar de los intocables?

-A muy pocos. Me interesa más la poesía que los poetas. Hay algunos execrables, de los que no me interesan sus historias personales. No necesitamos saber que Lorca era homosexual para entender sus Sonetos del amor oscuro. Cualquier tema puede ser literario, la poesía no está por encima de nada.

 

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